De la misma manera en que Don Jorge Basadre distinguiera la frivolidad de la vida limeña y sus ecos políticos al iniciarse el siglo XX, como el periodo de la república aristocrática, posiblemente le quepa, a sus dos últimas décadas y a estos primeros quince años del tercer milenio, la distinción de la república delincuente. No porque tal conducta sea una novedad en la clase política de nuestra patria, sino porque nunca había sido más cínico su comportamiento para aceptar esta vergonzosa condición. Dentro de este contexto de evidente y comprobada corrupción qué rol le caben a las expresiones artísticas cuando la más elaborada metáfora de denuncia o esclarecimiento resulta una caricatura de la realidad directamente contemplada en reveladores videos. Toda actitud contestataria resulta redundante y anecdótica frente a su referente social. El electorado no sabe a quién elegir entre los candidatos de abundante prontuario delictivo y finalmente sucumbe ante uno- considerado “el mal menor”- que,  al poco tiempo, igualará a los anteriores. Agravándose la situación cuando el electorado, tantas veces frustrado, se deforma y comienza a elegir sin criterio alguno. Se hace urgente entonces una acción formativa de recuperación y orientación ciudadanas que diversas instituciones sociales deben cumplir pero que, por línea histórica, le ha correspondido al arte en especial. Celebramos este año los primeros quince años de fidelidad a esta línea docente desde el teatro, del grupo EspacioLibre. 

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Donde Nada (H)era / Autor: Diego La Hoz






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teatrocompletomigueltorrenceTeatro Completo
Colección: Lecturas Imprescindibles / Serie El Ángel de la Ventana de Occidente
(Volume 1)
(Spanish Edition) (Spanish) Paperback – April 20, 2015
by Miguel Torrence (Author)
Carlos Dimeo Álvarez (Editor, Contributor)

Asistir al «Teatro Completo» de Miguel Torrence es ante todo un acto memorial y de justicia con el teatro valenciano y venezolano. No obstante, debemos decirlo, no solamente con estos, antes bien ha sido el cumplimien-to de una falta con toda una generación que forjó el espíritu local de las artes escénicas, por no decir una gran «sudestada» a la que equívoca y despecti-vamente se dio por llamar Teatro de Provincia. La figura en cuestión: Teatro de Provincia, que fue usada más del tiempo debido, fue una «metáfora» de recelo que el teatro caraqueño instaló desde su deseo simbólico más fuerte tratando de erigirse como único tótem teatral. Singularmente este no fue un hecho aislado, respondió (y responde aún) a la atmósfera cultural que se troca en el peligroso mote: «Caracas es Caracas y lo demás…».
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