Dramateatro Revista Digital

Primera Revista Digital en Venezuela - Premio Universidad de Buenos Aires 2007

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Ensayos y Artículos


La primacía del segundo discurso en "El Divorcio" de Salvador Novo

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En 1960, Salvador Novo en la academia mexicana de la lengua pronunció lo siguiente: “Y así como la palabra no basta para hacer el teatro, tampoco sus demás elementos lo integran si no es aquel equilibrio que es condición del hombre apetecer, y misión del teatro alcanzar” (p,56). Sin embargo, la palabra en el teatro de Novo –la dialogada–, no parece ser, a juzgar por el caso de su obra El divorcio, la más importante, sino más bien la palabra narrativa, la didascálica, a la que llamaremos aquí segundo discurso. Veamos por qué. El género dramático está sujeto, en la tradición teatral, a la preponderancia de un discurso dialogado que lo distingue de los otros géneros, dejando a un lado o dándole menos importancia al discurso narrado, que se deja ver entre paréntesis, en cursivas, y muchas veces hasta en mayúscula, como tratando de distanciarse de lo dialogado por los personajes. Para el trabajo que nos ocupa nos hemos propuesto una aproximación a este segundo discurso en la obra de Novo El divorcio, con el fin de hacer una lectura desde distintas perspectivas, teniendo como prerrogativa la idea de un Novo-personaje.

Última actualización el Viernes, 29 de Mayo de 2009 00:05 Leer más...
 

LA TECNICA DEL ACTOR EPICO. UNA INTRODUCCIÓN. Ultima parte.

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El actor épico frente al personaje
Todo esto no significa que Brecht rechace de plano el procedimiento de la identificación o empatía. Afirma que es un recurso utilizable durante los ensayos, en los tanteos previos a la composición del personaje, como uno de los tantos métodos de observación. Y para superar este procedimiento, para no caer en la forma más primitiva de identificación, el actor no debe preguntarse “¿cómo reaccionaría yo, si me ocurriera tal y tal cosa? sino “¿cómo actuaba el hombre al cual yo he oído decir tal cosa o he visto hacer tal otra?”
Última actualización el Martes, 05 de Mayo de 2009 13:14 Leer más...
 

Boal en la memoria

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La primera palabra que me saltó a la mente cuando conocí a Augusto Boal es que él era... elástico. Flexible, dúctil, fluido, abierto al mundo; pero a la vez con algo casi infinitamente resistente, ese hombre largo y flaco, no de esos elásticos que cuando se estiran se rompen. Nuestro encuentro inicial fue en La Habana, en enero de 1973, cuando fuimos co-jurados para el Concurso de la Casa de la Américas y ya era una leyenda su Teatro del Oprimido. Aproveché yo su sabiduría en esa ocasión de una manera más bien pragmática. En Chile, en ese tiempo, estaba ya en plena marcha la contra-revolución que en septiembre de ese año derrocaría a Salvador Allende y mis conversaciones con Augusto volvían una y otra vez al papel que podía jugar el teatro –ojo, me decía, todo es teatro, solamente que la mayoría de la gente no se da cuenta– en una coyuntura tan crítica. Fue su espíritu creador travieso, su convicción de que los espectadores eran de veras coautores, su optimismo inagotable, que me llevé de vuelta a Santiago. Unos meses más tarde, trabajando ya en La Moneda como asesor cultural de Fernando Flores, secretario general del gobierno de Allende, aproveché las enseñanzas y la inspiración de Boal para planificar una serie de acciones teatrales en los espacios públicos de Santiago que podían retrasar la asonada militar que, día a día, amenazaba con destruir la democracia de mi país.
Última actualización el Martes, 05 de Mayo de 2009 07:52 Leer más...
 


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